Debate 05: La cultura de la innovación y fórmulas para mejorarla.

Marco de referencia

Como señala Ken Robinson, reconocido internacionalmente por sus aportaciones al ámbito de la educación, la capacidad de imaginar es una característica inherente a la especie humana que nos permite elaborar ideas que no forman parte de la realidad que percibimos a través de los sentidos, mientras que la creatividad es la capacidad de imaginar para crear valor y la innovación es el proceso a través del cual se ponen en práctica esas ideas creativas.

La creatividad y la innovación son competencias esenciales. De ellas depende el progreso de la humanidad y son difícilmente reemplazables, a diferencia de las que han sido sustituidas por soluciones basadas en tecnologías (para la mecanización, la automatización, el tratamiento de la información, etc.).

La creatividad y la innovación son competencias que se despliegan fruto de la combinación de tres circunstancias: las características individuales de las personas, su educación y las culturas en las que viven; que determinarán los conocimientos, habilidades, actitudes y valores que influirán en su desarrollo y aplicación.

En lo referente a la educación, muchos especialistas critican los modelos tradicionales por haber sido concebidos para formar a personas útiles en un contexto muy diferente al actual. Y proponen modelos inspirados en ideas como las de Francesc Ferrer (1859 – 1909) o María Montessori (1870 – 1952); una educación que incentive la curiosidad y la participación. En su forma de entender la pedagogía, la creatividad y la participación se anteponen a la memorización de conceptos y la evaluación y calificación de los alumnos. Los profesores, más que adiestradores, son facilitadores. Y los alumnos, con menos horas de clase, disponen de más tiempo para actividades físicas, artísticas y sociales que potencian su creatividad, responsabilidad y capacidad de resolver problemas en grupo.

Relacionados con el análisis de las competencias, algunos estudios identifican las que serán más apreciadas en el siglo XXI desde la perspectiva profesional, considerando, por supuesto, que su importancia dependerá del puesto de trabajo.
El Informe “El Futuro del Trabajo” del World Economic Forum (2020) prevé que el ritmo de introducción de tecnologías se mantendrá, se acelerará la desaparición de los puestos de trabajo actuales (también los denominados de cuello blanco) y, en el caso concreto de España, las diez competencias más demandadas en 2025 serán:

  • El pensamiento analítico y la capacidad de innovación.
  • La actitud hacia el aprendizaje activo y las estrategias de aprendizaje.
  • La capacidad de análisis y el pensamiento crítico.
  • La creatividad, originalidad e iniciativa.
  • La capacidad de resolver problemas complejos.
  • El uso, seguimiento y control de las tecnologías.
  • La resiliencia, tolerancia al stress y flexibilidad.
  • El liderazgo e influencia social.
  • La habilidad y capacidad para diseñar y programar tecnologías.
  • La inteligencia emocional.

Si la educación y la formación de las personas condicionan sus capacidades creativas y de innovación (como sucede con el resto de las aptitudes y actitudes), los valores culturales de las sociedades en las que viven y las comunidades a las que pertenecen también son decisivos para su desarrollo.

Al considerar países o territorios, algunos estudios concluyen que las sociedades serán más proclives a la innovación cuanto mejor protejan la propiedad intelectual y más estimulen la predisposición al cambio y la asunción de riesgos al emprender iniciativas de esta naturaleza. Otros los clasifican dependiendo de la importancia que se otorga en sus culturas a algunos valores, como la aversión al riesgo, el individualismo, la distancia al poder o la orientación al largo plazo. Éstas suelen ordenarse en tres niveles (aunque sea cuestionable):

  • Las culturas de referencia más favorables a la innovación son las de los países anglosajones, germánicos, nórdico-escandinavos y orientales.
  • En medio, se sitúa la cultura de los países mediterráneos, que inculca valores que no estimulan con la misma intensidad la innovación, como el elevado sentido colectivo, un enfoque más cortoplacista y una mayor distancia al núcleo de poder.
  • Por último, las dos culturas menos proclives a la innovación son la árabe y la latinoamericana, lastradas por el escaso desarrollo, la alta desigualdad social y la inestabilidad política.

Indudablemente, de manera distinta, las condiciones de las organizaciones en las que cada persona se desenvuelve (empresas, instituciones, asociaciones, comunidades de cualquier tipo) también tienen un efecto fundamental sobre su actitud a la innovación.

Factores como la estructura jerárquica, el estilo de liderazgo, el clima social, la dimensión del equipo de trabajo, la cultura de la participación, la gestión del conocimiento, el enfoque centrado en los clientes o la implementación y uso de tecnologías, junto a los valores infundidos y apreciados por esas organizaciones, son cimientos sobre los que se asientan la capacidad creativa y la actitud proclive a la innovación.

Además, esos mismos factores y valores ayudan a crear, consolidar y mantener entornos innovadores capaces de atraer a personas con talento, dispuestas a asumir riesgos, a aprender y emprender, con pasión, capacidad de superación, tolerancia al fracaso y también al éxito.

Las condiciones que favorecen la creatividad y la innovación, como ocurre con los sistemas educativos, pueden ser analizados a través de indicadores.

El Programa Internacional para la Evaluación de Estudiantes al finalizar su Educación Secundaria Obligatoria (ESO) o Informe PISA fue promovido por la OCDE en 2000 y se repite cada tres años en 80 países.

El Informe PISA se centra en la valoración de competencias en Ciencias, Comprensión Lectora y Matemáticas, aunque en cada ciclo se explora una nueva competencia, como la Resolución Colaborativa de Problemas en 2015, la Competencia Global en 2018 o el Pensamiento Creativo en 2022 (el Informe PISA 2021 ha sido aplazado un año como consecuencia de la COVID-19).

Encabezado por China en su última edición (que seleccionó escuelas de sus zonas más ricas: Beijing, Shangai, Jiangsu y Zhegiang), ha sido criticado por los errores cometidos en la elaboración de los cuestionarios, los sesgos culturales y algunos resultados contradictorios.

España se situó ligeramente por debajo de la media de la OCDE (481 puntos frente a 489), sin los resultados de la valoración de la Comprensión Lectora (por anomalías detectadas que afectaron al 5 % de los alumnos).

Sin embargo, en la Competencia Global, que la OCDE define como “la capacidad pluridimensional que aúna el saber examinar cuestiones locales, globales e interculturales, comprender y apreciar distintas perspectivas y puntos de vista, saber interactuar de forma respetuosa con los demás y emprender acciones para el bien común y el desarrollo sostenible”, los estudiantes españoles fueron muy bien valorados, ocupando la sexta posición entre los 80 países participantes.

Si nos fijamos ahora en la valoración de la innovación, el Índice Mundial de Innovación (Global Innovation Index – GII) clasifica anualmente los resultados de los ecosistemas de innovación de 132 economías, poniendo de relieve sus puntos fuertes y débiles, y las carencias de que adolecen. Su última edición (2021) recogió 81 indicadores; medidas sobre el entorno político, la educación, las infraestructuras o la creación de conocimiento.

España ocupó la posición 30, destacando por sus infraestructuras (posición 13) (en particular, por sus infraestructuras TIC y su sostenibilidad medioambiental) y por su capacidad de generar conocimiento y tecnología (posición 26) (en concreto, por el número de documentos científicos publicados en revistas indexadas citados por otros autores).

En el otro plato de la balanza, España ocupó posiciones inferiores por el bajo grado de sofisticación de sus negocios (posición 35) (se penalizó la escasa colaboración entre las universidades y las empresas o el gran volumen de importaciones de alta tecnología).

Por supuesto, la cultura de la innovación puede medirse en organizaciones de cualquier tamaño, ya se trate de empresas, instituciones, regiones o países.

El Índice de Cultura de la Innovación (ICI), promovido por la Asociación Española para la Calidad (AEC), utiliza una metodología sencilla (creada por Jay Rao y Joe Weintraub, de Babson College – Boston) para diagnosticar la cultura innovadora en empresas a partir del análisis de Recursos, Procesos, Resultados, Valores, Conductas y Clima. A partir de los resultados, se diseña un plan para mejorar la cultura de la innovación y realizar un seguimiento de su evolución en cada empresa.

A una escala muy superior, los países conciben planes y los ponen en práctica para imbuir cambios culturales, como los relacionados con la educación o la innovación.

De hecho, en los años 70 Finlandia, referencia en Europa por su sistema educativo, acometió reformas esenciales gracias a las cuales ha destacado en los informes PISA desde su primera edición. En su sistema educativo prima la calidad del profesorado y las enseñanzas inspiradas en ideas como las de María Montessori.

En otro plano, Israel o Corea del Sur son ejemplos de países (de 9 y 50 millones de habitantes, respectivamente; no muy diferentes en población a la Comunidad Valenciana y España) que han introducido cambios muy relevantes en sus políticas en favor de la innovación.

Israel apostó en los años 90 por las startups, creando una agencia de innovación y un fondo público de capital riesgo. En 2021 fue el tercer país del mundo con más empresas cotizadas en el Nasdaq (índice bursátil estadounidense de compañías tecnológicas), con alrededor de 80. Dispone de 350 centros de I+I de multinacionales, con una inversión del 4,95 % del PIB. Se estima que el 25 % del PIB de Israel corresponde a la venta de software desarrollado por algunas de las 6.500 startups con las que cuenta.

El Índice de Innovación de Bloomberg analiza el nivel de innovación de los países utilizando siete métricas, que incluyen, entre otras variables, el gasto en I+I, la capacidad de producción y la concentración de empresas públicas de alta tecnología.

En este índice Corea del Sur se situó en primer lugar en 2021 (al igual que en siete de los últimos nueve años) tras décadas potenciando su I+I (con inversiones equivalentes, en términos de PIB, a las de Israel) para generar conocimientos, tecnologías, nuevos productos y procesos. En concreto, el desarrollo surcoreano se remonta a los años 60 y representó una apuesta por la educación, el desarrollo tecnológico y la competitividad. El proceso de industrialización se fundamentó en una mano de obra altamente capacitada en disposición de producir para empresas presentes en los mercados internacionales y hacer crecer la economía.

A partir de datos y reflexiones como las expuestas en los párrafos anteriores, resulta patente que desarrollar una cultura proclive a la creatividad y la innovación, al tiempo que se invierte en educación e I+I, es una cuestión estratégica de la que depende el futuro de cualquier organización o país.

Y, sin duda, la concepción y puesta en práctica de políticas capaces de favorecerla es una tarea de enorme complejidad sobre la que se han de formular muchas preguntas; entre otras:

  • Qué cambios educativos deberían acometerse en la Comunidad Valenciana para promover la creatividad y la innovación entre los estudiantes que se forman en sus centros.
  • Qué cambios culturales deberían propiciarse en la Comunidad Valenciana para fomentar entre sus habitantes un espíritu favorable a la creatividad y la innovación.
  • Qué cambios en la manera de concebir y gestionar las organizaciones (ya se trate de empresas o instituciones) deberían promoverse para potenciar su capacidad creativa e innovadora.
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Participantes

Ponente: José María Peiró, Catedrático de Psicología Social y de las Organizaciones de la Universitat de València.

Contertulios:

  • Jordi Juan, Secretario Autonómico de Innovación y Transformación Digital de la Conselleria de Innovación, Universidades, Ciencia y Sociedad Digital.
  • Juan José Borrás, Director del Parc Científic de la Universitat de València (PCUV).
  • Miguel Soler, Secretario Autonómico de Educación y Formación Profesional de la Conselleria de Educación, Cultura y Deporte.
  • Rafael Armero, Consultor y coach en creatividad.

Moderadora: Ana Carrau, Vocal de la Junta Directiva del Círculo de Estudios sobre Innovación.

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Ponencia

Descarga en PDF la ponencia realizada por José María Peiró.

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Conclusiones

A continuación, se presentan las conclusiones del Debate 05 señalando, al final, el grado de acuerdo alcanzado tras realizar una encuesta de opinión en la que se han recogido 24 respuestas (descargar los resultados en PDF), expresado como la media (MED) de dichas respuestas en una escala 0 – 10 (en completo desacuerdo – en completo acuerdo) y la dispersión de esas respuestas en términos de desviación típica (DT).

  1. Las crisis obligan a cambiar, aunque no deberían apartarnos de los procesos de innovación a medio y largo plazo para atender sólo lo urgente.
    MED = 9,58 / DT = 0,88
  2. Las instituciones educativas han de adaptarse a los cambios acelerados que exigen los retos que ha de afrontar nuestra sociedad.
    MED = 9,58 / DT = 0,83
  3. Resulta fundamental que el sistema educativo permita desarrollar competencias basadas en conocimientos con las que afrontar los problemas de la sociedad, al tiempo que la evaluación de los resultados de la educación ha de basarse en el análisis de las competencias adquiridas y no tanto de los conocimientos aprendidos.
    MED = 8,58 / DT = 1,84
  4. Junto con la labor de los centros educativos, los valores de la sociedad en la que vivimos determinan la cultura innovadora y, por tanto, la capacidad de resolver los problemas que nos afectan.
    MED = 9,17 / DT = 0,92
  5. Una de las claves para aumentar la cultura innovadora es la capacidad de cuestionar la manera en la que actuamos, a lo que la educación y los valores sociales deben contribuir.
    MED = 9,33 / DT = 0,87
  6. Las empresas y los organismos públicos han de ser agentes para la formación (para aprender haciendo) a fin de que sus trabadores coinnoven, de la misma manera en la que la formación dual ha de impregnar todo el proceso formativo.
    MED = 9,12 / DT = 1,73
  7. Las organizaciones han de ser capaces de valorar, atraer y retener el talento, porque de ello dependerá su capacidad de innovar.
    MED = 9,58 / DT = 0,77
  8. Uno de los factores determinantes para que las organizaciones fidelicen a las personas con talento es brindarles oportunidades para desarrollarlo.
    MED = 9,42 / DT = 0,87
  9. Otro factor determinante es el rol de los líderes, que han de servir a las organizaciones para orientar, tratar y estimular a sus integrantes con justicia, además de reconocer la necesidad de que otras personas asuman el liderazgo o de compartirlo en equipo.
    MED = 9,33 / DT = 1,24
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Documentación sugerida

Se recomienda consultar los siguientes documentos:

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Agradecimientos

Al Taller d’Audiovisuals de la Universitat de València, por la REALIZACIÓN.

Al Taller d’Audivisuals de la Universitat de València, como PRODUCTOR EJECUTIVO.

A la Red de Institutos Tecnológicos de la Comunidad Valenciana (REDIT), a la Universitat Jaume I, a la Universitat Politècnica de València y a la Universitat de València, como COPRODUCTORES.

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